miércoles, 21 de mayo de 2014

La vida en cuatro estaciones

La vida en cuatro estaciones




En pequeñas hojas sueltas
desde antes de nacer
se va trazando una vida

Te invitan folios en blanco
hojas de tu primavera
sin lápiz, tecla ni pluma
a la fiesta de escribir

Cuando llega tu verano
hay un proyecto de vida
que planteas como un libro
de los que hay que mirar

En los que ya están completos
puedes escribir al margen

Y existen los medio escritos
que tiendes a completar

Y los de páginas blancas
donde modelar tu vida.
Difíciles de llenar

Sin pausas, con son, sin prisas
vuelves a las hojas sueltas.
Son las hojas de tu otoño.
Ahora sólo escribes tú

Para mantener un fuego
que pueda templar tu vida
sirven como buena leña
libros prietos de experiencias

Vienen bien las hojas sueltas
para poderlo encender

Ahora que llega tu invierno



Entre andaluces

Entre andaluces


Con Machado… don Antonio
y Alcántara… don Manuel…
  yo… que andaluz soy por dentro
hablando estamos  de Dios
  
Machado creó a don Guido
Dicen que ese señorito
pudo existir de verdad

Cuento parte de su historia
y al final… su mezquindad


De joven fue esbelto y guapo
torero, conquistador
chulo, sin ser altanero
bien puesto y hasta dotado
 de una buena educación


                                                                 No podía ver a los curas
Sólo amaba a su persona
Como excepción… sus caballos
y  su fino manzanilla…
 y en tinto… de uva garnacha

Por juergas y desvaríos
presumía de ser odiado
pero le satisfacía
más que todo en este mundo
el poder ser envidiado

En menguante sus riquezas
cuando ya se hacía mayor
escuchó una copla interna
preludio de su vejez

Sentado solo, a la mesa
vio… las orejas de un lobo
Yo cito su pensamiento…
Lo empiezo casi tal cual



Pensó que pensar debía
en asentar la cabeza
Claro, y cómo no… asentóla
de una manera española
Se casó con una rica
no siendo que a esas alturas
tuviera que trabajar

Se convirtió en nazareno
con su cirio y su rosario
se hizo un meapilas, cobarde
patético,  miserable…
cuando se ponía a rezar


Cerezo temprano


Cerezo temprano




Bajo la iglesia del pueblo
dando su sombra a mi era
me acompañan dos cerezos
de floración desigual

Cuando despuntan las flores
en los árboles cercanos
 mi árbol que es más temprano
con la caricia el viento
pétalos de flores ya hechas
juega que quiere nevar

Y caen sobre chirivitas
cediendo el prado su verde
a los pétalos y flores
que consiguen blanquear

Floreciendo en solitario
se adelanta tres semanas
sobre todos los demás

Es el primero en dos leguas
que recibe a las abejas
y que llega a madurar

Los de floración tardía
a los pájaros ofrecen
a la vez, todos sus frutos
Y ellos aceptan algunos
sin prisa, sin discusión
ahora existe la abundancia
se ha perdido la emoción 

Pienso si mi árbol temprano
expoliado de sus frutos
exclusivos, sufre más
o si se siente contento
por la visita continua
de los pájaros, hambrientos
que peleando  y discutiendo
no evitan nunca cantar 

                     
En el pueblo me aconsejan
pon redes, vigílalas
no vas a coger ninguna
las tendrás que limpiar más...


Yo a mi árbol lo dejo libre
y que pueda disfrutar
Al principio solo pican
las que se encuentran arriba
yo allí no puedo llegar


Por sus flores, las primeras
por su nieve y la canción
de los pájaros que vienen
a por los primeros frutos
yo no me voy a quejar

Y me guardo la promesa
de que en quince o veinte días
en el árbol más tardío
tendré cerezas de más.

Y allí estarán mis amigos
que las van a recoger
Y vienen porque me quieren
y los pájaros también


Fuego de leña seca

Fuego de leña seca


  Yo enciendo el fuego en invierno
pensando que estoy  buscando
la sombra de su calor


Y me visitan los Lares
dibujando con su danza
de coreografía de llamas
la ventana del hogar


Y enciendo el fuego en otoño
con la leña entresacada
en el otoño anterior


Y lo enciendo en primavera
con leña seca, mojada
por el centelleo de invierno
y agua de lluvia de  Abril


Y también enciendo el fuego
en días frescos de verano
Voy buscando su presencia
no pretendo su calor


 El fuego que me acompaña
yo lo quiero alimentar


Con sus luces, con sus formas
con sus juegos y sonidos
me retiene frente e frente
mientras me invita a surcar
el mar de mis pensamientos
que eligen no razonar
  
  
Ya sé y creo que lo tengo claro
que ya no debo fumar
pero encender un cigarro
con la punta de una brasa
es una gloria que el cielo
con el infierno tan lejos
nunca va a poder gozar


Cuando un libro me acompaña
descansa quedando abierto
si mis ojos de él retiro
para mirar las mil formas
que las llamas me regalan
como mil cuadros de Viola...
como en una exposición


Con  música que me arrulla
de gente del otro siglo
puedo parecer dormido
de forma superficial
y fundir con lo soñado
lo que he podido pensar


A veces alguna llama
mueve despacio sus brazos
echándome bendiciones
como en una catedral



Laberinto

LABERINTO
¿ Es la vida un laberinto
o una calle principal...?

¿O callejas recortadas
que después de dar cien vueltas,
en  la plaza de la vida
vienen a desembocar ?

¿ O un ancho prado sin nada ?

¿ O la inmensidad del mar ?

Laberintos como vida
con pausas para pensar
o correr por grandes rutas
con riesgo de atropellar.

Mi circunstancia yo soy
además de yo ser yo.

Las circunstancias de Ortega
te pueden condicionar
a perderte en laberintos
o si la norma lo impone
derecho tener que andar.

Ya sé que es un laberinto
cuando tienes que ordenar
las mentiras que has parido
con los sueños...
y  tu parcial verdad.

Pero hay otros laberintos
en que es necesario entrar
y aunque esté su suelo seco
y sus paredes confusas
en ellos te has de mojar.

Andar por la calle es fácil.
Ni siquiera hay que pensar

Carteles con letras grandes
y el flujo de tanta gente
te dicen por donde vas.






La memoria la utilizo
para poder olvidar...
los golpes, los esquinazos...
alma de los laberintos
por los que tengo que andar.

Y me guardo en los recuerdos
e incorporo a mi actitud...
lo que me quiera guardar:
grandes y pequeñas cosas
que he encontrado al tropezar.

¿La vida es un laberinto
o una calle principal...?

Podría ser un pueblecito
con un río que atravesar
con su iglesia, con su fuente
con su gente y con su bar.

Esto es...si no tienes prisa.

Me lo tengo que pensar.



Ya tengo luna

   Ya tengo Luna                 
                    
Yo sé que existe la luna
y que juega al escondite...

que se achica,
que se esconde,
que crece
y que se hace enorme.
Que está un poco majareta
y no hace más que dar vueltas...
Incluso... creo que  hubo un toro
que estuvo enamorao de ella.

De la luna de la que hablo
sólo tengo referencias...
La gente que la conoce
y que ha vivido con ella...
dice: no plantes los ajos
cuanto está la luna nueva
y si te sientes inquieto
y los animales bullen,
es que está la luna llena.

Instalado en mi ignorancia
yo me río... yo paso de ella,
Y es que yo no la conozco
es que yo no puedo verla.

En la ciudad donde vivo
con sus luces, por las noches
hay... cien mil lunas pequeñas.

Solo,   en el campo   y andando
en la noche   y sin buscarla
yo me he encontrado con ella.

Conocía bien el camino,
los árboles... cada piedra.
Yo diría que el recorrido
lo podría haber hecho a ciegas.

A mi mismo me engañaba
cuando faltaba aún la cuesta:
No hay porqué temer de nada
yo soy grande y tengo fuerza.

Acabaron mis canciones
y mi miedo irracional
sólo a partir del momento
en que se apartó una nube
y con gesto casi humano
                          apareció toda llena.                          

                                  



No puedo querer al mar

No puedo querer al mar


Me suena a música de agua
el llamarle al mar la mar.

Yo... que no lo siento mío
porque vivo tierra adentro,
siempre le he llamado el mar.

Y es... porque le tengo miedo
de puro desconocerlo
y así no lo puedo amar.

Alberti junto a su orilla,
descalzo sobre la arena
y peinándose con su viento
al mar le llamó la mar.

Y allá lejos, sin su canto,
dejándonos con su ausencia
creyó que la había perdido
y a la mar le llamó el mar.

Lo descubrí en Salamanca
que fue donde me eché a andar.
Rodeado de un mar de encinas,
de aquellos árboles míos,
de encinas...veía la mar.

Mi abuelo que era fenicio
llegó a Andalucía, del mar.
Rodeado de un mar de olivos,
de aquellos árboles suyos,
de olivos...veía la mar.

A un hombre azul que sin agua,
no deja de navegar,
no le quites su desierto,
las arenas son su vida,
para él aquello es la mar.

Los olivos, las encinas,
las aguas o el arenal
son un mar si no los quieres,
si los amas son la mar.